Toma de conciencia

 

La importancia de ponerle nombre

Se podría decir que el diagnóstico de una enfermedad tiene dos partes: una más práctica, que lleva a su tratamiento, y seguimiento y otra intangible, que es conceptualizar lo que sucede. Para Miguel, poder dar nombre a su malestar necesitó de dos hospitalizaciones previas, hasta que el segundo médico que los asistió comunicó a la familia que padecía un trastorno bipolar: una enfermedad crónica que afecta al estado del ánimo y alterna episodios depresivos y de exaltación del humor. Fue una etapa que Miguel prefiere no recordar, por lo que es Inés quien lo cuenta: «Hacía cosas que nunca había hecho; hablaba de cosas que nunca había hablado». De ese modo, su familia en seguida supo que tenían que ponerse en manos de los médicos.

Durante mucho tiempo Ángela pensó que su malestar se debía a otras molestias: en la tercera edad es frecuente que ansiedad o depresión se somaticen en otras dolencias, por eso es importante su identificación para poder tratarlas, dicen desde la Unidad de Psiquiatría del Hospital Virgen del Puerto (Plasencia). Para Ángela fueron vértigos y problemas digestivos, a los que siguieron una larga lista de pruebas médicas para descartar enfermedades. Sin embargo, el síntoma que siempre permanecía era el malestar anímico. Tras su diagnóstico, ya sabe qué lo causa y cómo describirlo: «Es peor la ansiedad que los dolores. Porque para el dolor te puedes tomar un calmante, o vas al médico y sabes qué te pasa, pero con la ansiedad… no saben ni los médicos ni el enfermo».

Un psicólogo para 11.834 extremeños

Hace ya una década Miguel pasó por dos ingresos en Plasencia para tratarse: el primero en la Unidad de Psiquiatría del hospital, y el segundo, de mes y medio, en el Centro Sociosanitario. Hoy día, Miguel asegura que se siente mucho mejor gracias a la medicación, pero lamenta que es demasiado fuerte. Desde que está en tratamiento lleva una vida estable y va periódicamente a revisiones con el psiquiatra. Sin embargo, con el comienzo de la pandemia no lo han vuelto a citar, y actualmente está en espera. La propia Unidad de Psiquiatría del hospital valora positivamente la dotación de recursos de salud mental que tiene la ciudad, aunque matizan que la falta de personal provoca grandes retrasos.

Ángela lleva desde 2018 con un psicólogo privado de Plasencia al que llama por teléfono cuando lo necesita. Citarse con un psicólogo de la sanidad pública no era una opción, pues la espera se extiende de uno a dos meses en Plasencia. Actualmente está superando un episodio ansioso-depresivo de varios meses: «En una ocasión quise arrancar las macetas y tirarlas, porque yo ya no las iba a poder cuidar de lo mal que me encontraba», recuerda de los peores momentos. Gracias a la ayuda del médico y del psicólogo está empezando a sentirse mejor: «Con el tratamiento me siento más valorada; siento que soy alguien».

«Nada como estar en casa»

La entereza con la que Inés asiste a Miguel parece inquebrantable: «Qué le voy a hacer, tengo que criarla [la fuerza]. Él no me puede ver a mí para abajo, que se baja el doble porque depende de mí», explica. A Inés le gustaría volver a la finca donde creció, en lo alto de la sierra, pero no se plantea ir por no dejar solo a Miguel, que con la artrosis de sus manos necesita ayuda para muchas tareas cotidianas. Además, tras los dos ingresos, Miguel prefiere la ayuda de su familia: «Nada como estar en casa», dice.

Al preguntar a Lorenzo qué ha aprendido de esta experiencia, bromea y dice que a llevar la casa. Pero el papel del cuidador va mucho más allá de la ejecución de tareas cotidianas, pues pasa a ser el principal soporte emocional del enfermo. En este sentido, Lorenzo confiesa que ha sido duro sobrellevar el último episodio ansioso-depresivo de su mujer: «Un día estábamos ahí, en el pasillo, los dos abrazados llorando porque él no sabía ya qué hacerme y yo no sabía qué hacer…», recuerda Ángela. Sin la ayuda y compañía de Lorenzo, asegura que esta etapa habría sido mucho más difícil: «Para mí ha sido la mejor medicina. Él no lo ha entendido siquiera».