Ángela y Miguel

 

«Si me hubieran llevado a la escuela»

Las infancias de Ángela y Miguel fueron alejadas de las aulas. A Ángela, vivir en la montaña le impidió ir al colegio por la distancia que había hasta el pueblo, a lo que se sumaba la necesidad de ayudar a su familia: «Si me hubieran llevado a la escuela en vez de tenerme en el campo… Y mira que yo nací allí y lo quiero mucho». Aunque Miguel sí que vivía en Navaconcejo, tampoco pudo ir a la escuela, porque empezó a servir con diez años en una casa en la que pasaría veintiséis. Actualmente, Extremadura es la comunidad con más personas con un nivel de estudios básico o inferior, puesto que ocupa desde que hay datos.

El Informe Anual del Sistema Nacional de Salud recoge que aquellos con un nivel educativo básico o inferior son 2,5 veces más susceptibles de sufrir un cuadro depresivo. Como sostiene el informe, la educación puede ayudar a elegir hábitos más saludables, pero también es una herramienta para afrontar la vida. No fue hasta que se casó con Lorenzo, con veintiún años, cuando Ángela pudo tomar clases de lectura y escritura. «Nosotros nos defendemos, pero muy mal», dice Inés, la mujer de Miguel, al recordar cómo no pudieron saber cuánto les costaría la casa hasta que estuvo hecha.

«El campo necesita ayuda»

Como la vasta mayoría de vallejerteños, ambos matrimonios se han dedicado al campo y la cereza. Un oficio muy duro, sostienen, pero que les ha permitido progresar y mantener a sus respectivas familias: Ángela y Lorenzo pudieron dar estudios a sus tres hijos, que emigraron, y Miguel e Inés consiguieron comprar una quincena de fincas.

En el valle del Jerte no es difícil vivir de la agricultura, aunque no sin mucho trabajo. «El campo necesita ayuda: el consumidor paga muy cara la fruta, pero el agricultor la cobra peor», asevera Ángela. Un reciente informe de la EAPN sitúa a Extremadura como la segunda autonomía con mayor nivel de pobreza de España junto con Andalucía -ambas con un 38,7 %-, a lo que se le suma la renta media por persona más baja del país, en 9.500 €. La seguridad económica no solo da estabilidad, sino que puede ser crucial a la hora de afrontar problemas de salud mental por el elevado coste de los tratamientos privados, a menudo más rápidos que los públicos.

 

Sentirse acompañado

Tener redes de apoyo es imprescindible para sobrellevar los problemas de salud mental: un 73,2 % de la población extremeña afirma que podría contar con más de cinco personas en caso de necesidad, la cifra más alta de España recogida en la Encuesta Europea de Salud 2020. Es frecuente en el valle del Jerte que los vecinos de cada pueblo se conozcan y se presten ayuda; hay lazos muy sólidos porque algunas relaciones se forjan durante décadas.

Ángela dice sentirse muy a gusto viviendo en el pueblo: allí tiene familia, amigos y a su marido, Lorenzo, aunque echa de menos a sus hijos, que viven fuera y para ella son un apoyo muy importante. Miguel e Inés, en cambio, comparten edificio con uno de ellos, y su otro hijo vive en la misma calle. En las etapas que Miguel se ha sentido peor ha sido muy importante tener a la familia tan cerca: «Nosotros somos vecinos igual que toda la gente, pero luego los problemas son para cada uno: para mis hijos, para mí y para él», dice Inés, su mujer.