«Nada como estar en casa»
La entereza con la que Inés asiste a Miguel parece inquebrantable: «Qué le voy a hacer, tengo que criarla [la fuerza]. Él no me puede ver a mí para abajo, que se baja el doble porque depende de mí», explica. A Inés le gustaría volver a la finca donde creció, en lo alto de la sierra, pero no se plantea ir por no dejar solo a Miguel, que con la artrosis de sus manos necesita ayuda para muchas tareas cotidianas. Además, tras los dos ingresos, Miguel prefiere la ayuda de su familia: «Nada como estar en casa», dice.
Al preguntar a Lorenzo qué ha aprendido de esta experiencia, bromea y dice que a llevar la casa. Pero el papel del cuidador va mucho más allá de la ejecución de tareas cotidianas, pues pasa a ser el principal soporte emocional del enfermo. En este sentido, Lorenzo confiesa que ha sido duro sobrellevar el último episodio ansioso-depresivo de su mujer: «Un día estábamos ahí, en el pasillo, los dos abrazados llorando porque él no sabía ya qué hacerme y yo no sabía qué hacer…», recuerda Ángela. Sin la ayuda y compañía de Lorenzo, asegura que esta etapa habría sido mucho más difícil: «Para mí ha sido la mejor medicina. Él no lo ha entendido siquiera».