Salvar las distancias

 

Grandes condicionantes del ánimo como la soledad, la enfermedad y la muerte están muy presentes en la tercera edad. Por ello, en esta etapa es imprescindible contar con un contexto seguro a nivel económico, social y formativo que permita hacer frente a las incertidumbres inherentes a la vejez. Una dificultad añadida en el caso de las zonas rurales es el acceso a los servicios que solo se encuentran en las ciudades, observa la doctora en Psicología Pilar Monreal. En sus intervenciones para mayores en zonas rurales, a menudo se ha encontrado con que estos dependían de un voluntario para poder recurrir a prestaciones básicas.

Las trabajadoras sociales del valle del Jerte lo confirman: «Cuando detectamos un problema de salud mental, el mayor inconveniente que hay es la falta de recursos de proximidad». Un añadido es la larga lista de espera para citarse con el psicólogo de la sanidad pública, por lo que la mancomunidad y las trabajadoras sociales a menudo elaboran programas de refuerzo: un ejemplo es el grupo de autoayuda, que comenzó en octubre. Mediante un seguimiento conjunto de la farmacéutica, la enfermera y la trabajadora social del pueblo, se pretende reducir la toma de ansiolíticos y antidepresivos en vecinos de distintas edades de Navaconcejo.

Trabajadoras sociales de la mancomunidad del valle del Jerte
Las cuatro trabajadoras de la mancomunidad del valle del Jerte se reúnen para coordinar el inicio del año lectivo. Irene Olmedo

Escuchar e integrar

Actuar a tiempo es importante para que los problemas anímicos no se confundan con demencias, advierten las trabajadoras sociales. Algunas estrategias que se han ideado para paliar las carencias del sistema son las iniciativas públicas, el asociacionismo, mancomunar servicios o un equipo de salud mental itinerante. A la hora de poner programas en marcha, una de las trabajadoras sociales subraya que es importante escuchar las preferencias de las personas mayores: «Hay que tratar el envejecimiento activo de una forma que las personas se sientan identificadas con la actividad que están realizando».

Para ello, es necesario tener en cuenta las bases -como la cultura o la forma de vida- de los habitantes de un lugar y no planificar desde los despachos, apunta Pilar Monreal: un reto cada vez mayor por la creciente heterogeneidad de la tercera edad. Pero, sobre todo, opina que han de ser transversales, de forma que se deje de considerar a la tercera edad aparte, ya que «en un pueblo de 800 personas no se puede pretender trabajar solo con los mayores, porque tienen un contexto». De esta forma, argumenta, no se apartaría a la tercera edad del funcionamiento de la sociedad, pues su aporte es indispensable para que otras generaciones «entiendan el mundo que les ha precedido y por qué hemos llegado hasta aquí».